Depresión

Depresión
Hay un largo camino por recorrer dicen algunos, pero se hará largo, dependiendo de la prontitud con que nosotros comencemos a realizar el andar. El fin del camino para algunos puede ser interminable, pero para otros puede ser un placer transitarlo, porque disfrutan de lo que el mismo le proporciona.
Apresuremos el andar y lograremos llegar más pronto a la meta de lo que pensábamos y allí veremos concretado el sueño que tanto esperábamos; mientras tanto, ocupémonos de mantener nuestro calzado limpio, de las cosas que durante el andar se nos va querer adherir al mismo, seamos sabios, porque si no lo hacemos, cada paso se nos va a ser mas difícil, porque una carga al mismo, está queriendo dificultar nuestro andar.

martes, 30 de abril de 2013

EL ENOJO




¡¡¡Yo soy tranquilo/la, pero cuando me enojo…!!! ¿Qué es lo que hace que el ser humano llegue a esa etapa?
         No es novedad decir que generaciones tras generaciones han llegado a sentirse enojados por algo, y son innumerables las situaciones, las derivaciones y consecuencias, que esto conlleva. Si preguntáramos a diferentes personas, sobre que las hace perder el control hasta llegar al enojo, tendríamos diferentes matices de respuestas,  pero la mayoría coincidiría en la siguiente oración, -me hicieron o me hizo enojar-. Es muy minúscula la posibilidad de encontrar personas que reconozcan que  decidieron llevarse por el enojo. Un sicólogo dijo nadie hace enojar a nadie, somos nosotros los que decidimos enojarnos. 
“…sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.”· Stg. 1:14
         Deberíamos asumir la responsabilidad de nuestras propias malas actitudes, las cuales después de perder el control acarrean destrucción, dolor, desilusión y malestar a quienes nos rodean y a nosotros mismos. El hecho de exteriorizar lo que no podemos contener, nos hace ver nuestra propia debilidad para hacerlo; más el hecho de tener cosas para contener dentro nuestro, nos hace notar que nuestra vida necesita ser liberada de esas cosas y renovada en cuanto a las actitudes internas que nosotros vamos almacenando y que  luego en un momento de debilidad descargamos contra quien tenemos enfrente nuestro. No son excusables nuestras malas reacciones frente a las malas actitudes de los demás, sino que debería primar el dominio propio en cuanto a ellas.
“El que tarda en airarse es grande de entendimiento” Pr. 14:29
         ¿Qué gana una persona con enojarse? Hay personas que aconsejan que exteriorice su enojo, que no lo acumule porque afecta su salud, pero en realidad lo que afecta su salud comenzó a gestarse desde el momento que permitió que las cosas, los dichos, los comentarios, etc. etc. de otros, se enraizaran en su mente. El no saber perdonar, el guardar rencor o la falta de amor, hacen que cualquier cosa externa pueda contaminar nuestra mente, porque está abierta a que eso suceda.
“Enójense, pero no pequen, no se ponga el sol sobre vuestro enojo” Ef. 4:26
Cuando el enojo queda  dentro nuestro y al pasar los días se a aquerenciado, es un indicio que la contaminación comenzó germinar, “…brotando, alguna raíz de amargura…” He.12:15. Como cualquier virus maligno, éste hace cambiar nuestro estado de ánimo, afecta nuestras emociones y está propenso a manifestar su mal en cualquier momento. Después que se manifiesta, la contaminación se propaga en nuestro entorno, haciendo que otros en el mismo estado, comiencen una reacción en cadena.
Durante el transcurso del tiempo hemos visto o escuchado, de personas que se han mantenido enojadas por períodos largos, hijos que no se reconcilian con sus padres o padres que no se reconcilian con sus hijos, matrimonios que se disolvieron, familias que se distanciaron, vidas emocional y físicamente enfermas y otras desvinculadas de sus semejantes.
         El orgullo, la vanidad y la soberbia, son a veces agentes impulsores. No nos gusta que nos digan lo que debemos hacer o como lo debemos hacer; nos creemos autosuficientes, superiores a los demás, capaces de resolver cualquier situación, no existe en nosotros una pizca de humildad, sino que nos gusta envanecernos en nuestras propias decisiones. Cuando hay algo que atenta contra esto, entonces reaccionamos inmediatamente sin medir consecuencias.
“No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios”. Ec. 7:9 

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