En los tiempos que
vivimos, muchas de las cosas que se han creado, que han evolucionado en su uso
y han ocupado un lugar importante en la
vida cotidiana, o medios laborales que se han implementado en base a las nuevos
avances tecnológicos, han llevado a las personas a ser partícipes de un
sedentarismo que cada vez se hace más visible.
Hoy día desde la niñez
vemos como se han perdido en ellos, actividades que hasta no hace mucho eran
frecuentes ver; la mancha, las escondidas, la rayuela, saltar la cuerda, las
cuales hacían gastar energías de las que ellos tienen en abundancia y la han
cambiado por las computadoras que no sólo la usan dentro de las casas, sino que
se los ve fuera de ellas sumidos en lo que una computadora portátil, muestra a
través de una pequeña pantalla. Otros han derivado su actividad, a juegos
manejados con un control y visualizados en una pantalla que los hace estar
durante un largo tiempo sentados frente a ella. Las personas mayores hacen su
tiempo entre sus actividades, para pasar un tiempo enlazados en redes sociales,
perdiendo la práctica de ir a visitar a familiares o amigos, porque los ve a
través de un monitor o se interiorizan de algunas cosas de forma escrita que
les proporciona dicho medio.
Muchas actividades
laborales de hacen mediante un escritorio, en el cual están todos los
accesorios que los vinculan a otros medios laborales, empresariales o
informativos, haciendo casi innecesaria la salida física de las personas hacia
el mundo exterior. Todo eso suma para que nuestra salud física, sufra
alteraciones tanto en lo externo como en lo interno. Las grasas se van
acumulando en nuestro cuerpo, queriendo mantener el control de ellas mediante
dietas que pierden valor al no darles el respaldo de una actividad física, que
complemente tal objetivo y surta el efecto deseado. Las arterias y las venas almacenan
grasas inutilizadas trayendo consecuencias al corazón acrecentadas por el colesterol.
Los huesos del cuerpo comienzan a debilitarse trayendo como un posible mal, la osteoporosis.
Quizás alguien entendió
mal las palabras dicha por un hombre llamado Pablo:
“…el ejercicio corporal para poco es provechoso…” 1 Ti. 4:8
En ningún momento se escucho decir que el mismo no era provechoso, lo
que si se ha querido decir, que una persona no puede pasarse la vida haciendo
ejercicios físicos, porque se le resta un precioso tiempo a otras cosas que
traen más beneficio tanto en lo personal como en la interrelación con sus
semejantes. Se ha escuchado decir por boca de dichas personas,-no voy a tal o
cual lugar, porque hay escaleras y me cansa subirlas- o –me fatiga llevar a mis
hijos a la placita por eso voy poco-; -mi cónyuge me invita salir a dar un
paseo, pero me siento agotada/o para hacerlo-
Entonces,¿vamos a tirar
por la borda nuestra salud física, emocional o sentimental por el hecho de
habernos acomodado al presente sistema, y no hacer uso de nuestro propio raciocinio
para evaluar lo que conviene o no hacer, a favor de nuestro bienestar y de los
que nos rodea? ¿Somos consciente que una mala decisión que nosotros tomemos va a
redundar en un mal mayor, que acarreará trastornos en nuestro diario vivir y en
nuestro entorno, por no pesar los pro y los contra de tales actitudes asumidas
por nosotros mismos?
Ahora, para los que
quieren ir más allá de esto, hay una promesa que es valedera para todo aquel
que tiene propósitos más elevados, y que
lo lleva a despegarse de la corriente de éste mundo;
“…los que esperan en Dios tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. Is. 40:31

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