Se ha sabido mayormente en el ambiente artístico, que con mayor asiduidad han sobresalido casos de mujeres, que en busca del rostro perfecto según ellas, se encontraron a causa de una mala praxis, con una imagen frente al espejo que ellas no esperaron nunca. ¿Qué es lo que lleva a algunas mujeres, a encontrarse decepcionadas con los atributos que Dios les dio? ¿Cuál es su consideración en cuanto a cómo se deberían ver delante de los demás? ¿Qué cosas las motivan a querer cambiar sus rasgos físicos?
Se ha tornado alrededor
de todo esto, un gran mercado que comercializan sus productos llamados de
belleza, sabiendo que es tanto la avidez de la mujer a querer verse más bella
exteriormente, que buscan cada tanto presentarles algo nuevo y mejor de lo
antes adquirido. No es difícil suponer las ganancias que les genera, sabiendo
que desde las más jóvenes hasta las de avanzada edad harán uso de sus
productos, por su disconformidad personal.
Que se ve bien
un rostro levemente maquillado no cabe la menor duda; que un cuerpo cuidado
mediante ejercicios físicos o alimenticios es bueno, claro que sí. El hecho es
que se ha llegado a un punto de cambiar prioridades, dándole más importancia a
lo que se ve que a lo que no se ve.
“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura”
El ser
hermosa no es malo, pero llegar a adorar la hermosura si lo es. Los valores
cambian porque se forma un circulo vicioso con tal de mantener dicha
apariencia, olvidando que tarde o temprano va a desaparecer. Puede llevar a
querer usar de ella de una forma indebida, o que otros la exploten de la misma
forma. Pero ¿porqué conformarse con tan poco? Hay una cita que dice “La mujer agraciada tendrá honra” ¡Porque no
valorar más los atributos personales que los físicos! Estos traerán a su debido
tiempo bienestar espiritual al alma, refrigerio en los momentos difíciles y el
placer de sentirse estimada por lo que se es, que por lo que se ve.
“La mujer sabia edifica su casa”
El orden cronológico de
la vida continúa y nueva belleza va apareciendo. Una que se adquiere con los
años, con experiencia, con una vida disciplinada, con una inclinación a la
superación. Ella hace que irradie placer de ser escuchada, necesidad de ser
consultada o aconsejada. La persona que decide priorizar el cuidado de su vida
interior más que su apariencia exterior, notará que el pasar de los años la
hermosea cada día más, ya que va adquiriendo sabiduría muy apreciada por
quienes la rodea. El anhelo de decirle a Dios “Enséñanos de tal modo a contar
nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” mostrará que en realidad el
propósito se va cumpliendo. Un sabio llamado Salomón dijo una vez “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su
estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría

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