LA
HIPOCRESIA
Se ha escuchado muchas veces – estoy cansado de
tanta falsedad -; -me han engañado-; -tuve que fingir delante de tal o cual
persona-; -aparentaba lo que no era- y tantas otras cosas similares. Cada una
de estas connotaciones se relacionan con la palabra “hipócrita” que deriva del
griego “hipocrités” que significa actor o actriz.
El ser humano se ha acostumbrado a actuar en
diferentes áreas de la vida; en el trabajo trata de mostrar al jefe, patrón,
capataz o jerarca inmediato, que le cae bien aunque no sea así, con tal de
pasarla bien, de ganar puntos con él para alguna promoción, etc. En las
reuniones familiares, no todas las familias se llevan bien y cuando están juntos se complica el
interrelacionamiento, entonces aparecen los besos simulados, los abrazos
obligados o las sonrisas fingidas.
Al pasar de los años, se han visto matrimonios
llevando una relación aparente delante de las amistades, a pesar que en la
intimidad del hogar, las cosas ya hace tiempo han cambiado a lo que eran. Otros
en el núcleo familiar íntimo, tratan de sobrellevar la situación, por los hijos
o por el bienestar económico.
En lugares de estudios pasan cosas similares o
sea que a temprana edad, se puede estar conviviendo con personas que no nos
caen simpáticas o nosotros no le caemos simpáticos.
Éste tipo de comportamiento lo que hace, es
generar una madeja en la cual va envolviendo, resentimiento, desazones,
amarguras, tristezas, que tarde o temprano afectarán nuestras vidas, ya que
vamos a estar en algún momento a solas y las cosas que hemos visto, escuchado o
sentido, van a taladrar nuestra mente y llenar de amargura nuestro corazón,
causando un mal que quizás nosotros mismos sepamos la dimensión que va a tomar.
“No nos
engañemos; …pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”
Si
nosotros mostramos una actitud aparente, si damos un beso simulado, un abrazo
obligado, una sonrisa fingida; habrá alguien que haga lo mismo con nosotros y
no nos va a gustar o nos va a doler. El llevar una vida familiar en apariencia,
no nos va a conducir a buen puerto, ya que aquellos a que estemos demostrando
lo que no es, en nada nos va a ayudar, a no ser que tengan principios
diferentes a los nuestros o tengan un interés sincero hacia nosotros y quieran
aportar para nuestro bien, consejos que puedan ser de utilidad para mejorar la
situación.
En
cuanto a lo que pasa en los lugares de estudios a temprana edad, redundará en
la evolución de una generación de
futuros papás y mamás; de esposos y esposas que van a seguir los pasos de las
generaciones que les antecedieron.
“Así
que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no
agradarnos a nosotros mismos”.
Pero
para ello, primero tenemos que cambiar nuestra forma de pensar, darnos cuenta
del error que cometemos, al seguir adelante con ésta actitud hacia los demás
sabiendo que no nos favorece en nada. En tres palabras “tenemos que madurar”.
Madurar
de una posible herencia que recibimos de nuestros padres o de actitudes que
vimos en nuestros mayores. En darnos cuenta, que hemos estado asumiendo
actitudes que vemos en los centros de estudios; actitudes que se desprende de
niños o jóvenes que están en una etapa de aprendizaje. Tomar en cuenta que
deberíamos ser maestros para ellos y asumir que con el ejemplo seremos de mayor
influencia en sus vidas, el cual respaldaría las palabras que les pudiéramos
decir, preparando para ellos un futuro mejor.
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